El domingo 19 de enero me levanté muy temprano para ir junto a mi familia al pueblo de donde viene mi mamá, Temax, a la feria anual 2020. Es una tradición ir al menos un día, y este año no fue la excepción.
Primero que nada, por primera vez en muchos años volví a viajar en taxi. Y, cabe aclarar, que es muy incómodo. Sobre todo porque el conductor subió a cuanta gente pudo y evidentemente fui toda aplastada. No pude ni dormir.
Llegamos alrededor de las 9:30 de la mañana. Lo que hice durante la mañana y tarde es irrelevante. Lo bueno viene a partir de las siete de la noche.
Claro que me arreglé y todo eso, salí con mi familia y anduvimos toda la noche por la plaza central de Temax. Había juegos mecánicos y diversos puestos de comida rápida, postres y antojitos o snacks. Yo compré churros, las famosas tortitas y un frappé. Sinceramente todo es muy rico.
Regresé sin mi familia a la casa de mi tía porque no me gusta para nada la muchedumbre y el ruido excesivo pues a partir de las diez de la noche hubo luz y sonido frente al palacio, donde toda la gente entró a bailar y disfrutar. Mientras yo, me fui a dormir.
Realmente la fiesta de Temax es hasta cierto punto tranquila y atractiva. Las actividades que se realizan son interesantes y mucha de la comida que se vende es sencillamente deliciosa. Para mí, es una de las mejores festividades y debe ser conocida.
